Crónicas de Muñozo: Patricio Thomas, «el buen juez»




Crónicas de Muñozo.- Por muchos años le regalé dinero a la Municipalidad de Panguipulli, ya que no entendía la lógica de la ley, que establecía que debía estacionar en un lugar indicado para ello, y por distracción o apuro, no lo hacía, dejando estacionado el vehículo de cualquier manera y en cualquier lugar. Ni hablar de tener los papeles al día. Permiso de circulación, revisión técnica y seguro automotriz no existían, por lo que Carabineros me parteaba, de la maña a la noche, no importando si hacía frío, calor, si llovía o si caían los patos asados por el intenso calor que azotaba Panguipulli. Simplemente, aparecían como por arte de magia, papelitos sujetos la plumilla del parabrisas, los famosos partes empadronados. Otras veces, Carabineros me controlaban en cualquier calle, avenida, carretera. Ellos ya me conocían y cuando me veían venir raudo, se miraban entre sí y uno le decía al otro, mira, «allá viene un parte», y se frotaban las manos. Me pasaba los días entre el Juzgado de Policía Local y la Tesorería municipal, pagando un parte tras otro. El municipio me tenía como el niño símbolo de los partes por pavo.  A decir verdad, perdí la cuenta de los partes. Según yo, eran injustos, pero la ley es la ley.

Con los años fui cambiando vehículos y me fui redimiendo, por lo que ya carabineros no me sacaban partes, ya que entendí la lógica de tener todo al día y no regalar más plata a las arcas municipales.

Pasaron los años, otros vehículos, me sacaban partes, eso sí, muchos menos, hasta que llegó el fatídico año 2017. Conocí a un inspector municipal, al que encontraba que se parecía a un dibujito animado que yo veía por las tardes en la televisión blanco y negro en los años ochenta, después de regresar del colegio. No me acordaba exactamente como se llamaba, pero sí que tenía un compañero de parrandas, «Bubu» se llamaba. Pues bien, tuve la mala idea de comentarle a un conocido trabajador municipal, el que también había visto los mismos dibujitos y él si se acordaba. Me dijo muerto de risa «tú te refieres al Oso Yogi» y se murió de la risa, “siiii, dijo , es igualito. Tu sí que tienes talento para poner sobrenombres”. Ahí se me vino toda la imagen nitida del susodicho. Era un oso bruto, inocente, ingenuo, pero bueno para comer. El inspector, en rigor, era identico. Como era de esperar, mi conocido municipal, no era capaz de guardarse nada, y no encontró mejor idea que contarle al inspector que yo lo encontraba igualito al “Oso Yogi”,  que yo le había apodado así. No había más remedio, todos lo comenzaron a llamar así, y este me agarró como era de esperar, un odio parido. Este, en venganza, se informó muy bien de las características de mi vehículo y se dio a la tarea de perseguirme por todo Panguipulli, solo para sacarme un parte por lo que fuera, como venganza. Lo que no sabía el inspector municipal, era que yo sabía que me seguía incansablemente, por ello me aseguraba estacionar donde no pudiera concretar su venganza. Un día cualquiera, estacioné frente a la OMDEL, confiado en que no pasaría nada, pero en la confianza está el peligro y me fui a hacer un trámite a la Oficina del Registro Civil e Identificación, donde pude conversar brevemente, pero en profundidad con don Flavio Santana, él siempre dispuesto a los consejos y las palabras bien dichas. Al regresar al vehículo, el Oso Yogi había cobrado su venganza. En el parabrisas estaba su papelito con garabatos ininteligibles y con múltiples faltas de ortografía. Por mi parte, como que me indigné, por un momento, pero me fui a la Copec y me compré un capuchino con una media luna y me senté a pensar qué hacer y cómo revertir la venganza del Oso Yogi, que a esas alturas, estaría muerto de la risa en su casa. Después de un rato, mirando la plaza Arturo Prat y con el recuerdo patente de sus árboles que ya no estaban, más tranquilo y con el plan de defensa grabado a fuego en la mente, regresé al vehículo a mirar dónde exactamente estaba la señalética que no había visto y que había originado el parte empadronado. Procedí a sacar muchas fotografías, en todas direcciones para comprender la acción.

Por otra parte, los vientos estaban a mi favor y estaba a cuarenta y ocho horas de viajar a Cuba a recorrer de punta a cabo la isla mayor del Caribe y me dije «esto no me va a arruinar el viaje». Procedí a doblar el papelito con los jeroglíficos del Oso Yogi en pequeños cuadraditos y lo guardé en la guantera. Miré la fecha que indicaba cuando presentarme ante el Juez, coincidía con mi regreso de Cuba, casi tres semanas después. Apenas puse un pie en Panguipulli, alisé con una plancha caliente el parte todo arrugado y procedí meticulosamente a revisar las fotografías. El golpe de vista me indicó de inmediato dónde estaba la falla, y me dije ¡¡Aja!!, el Oso Yogi no había calculado bien los detalles, en los cuales yo sí había reparado. Lo había descubierto. Hice el mayor esfuerzo de memoria y resulta que cuando estacioné, no me había percatado que el Departamento de Tránsito de la Municipalidad había cambiado el sentido del tránsito, sin embargo, la señalética de “No estacionar” no se veía por ninguna parte, sumado a ello, la solera o cuneta que debía a esas alturas estar pintada completamente de amarillo rey, solo tenía la parte de arriba pintada de un amarillo tenue, casi blanco y la parte del costado, un blanco que encandilaba. Todo inducía a error. Imprimí en color las fotografías, con fecha y hora, las que había tomado sólo minutos después que el Oso Yogi se fuera muerto de la risa por su venganza, y partí raudo al Juzgado de Policía Local, sin saber que don Armando Hormaechea había pasado a retiro. Me atendió una mujer de mediana edad, que cuando me vio, fue como ver al diablo en persona. Me dijo, con voz agresiva, “saque un número y espere”. Luego se escondió en su cuchitril y de ahí nunca más salió. Solo supe quién era cuando desde las cenizas del Juzgado de Policía Local, entre los escombros, encontré una carpeta de investigación donde esta mujer aparecía patrocinando una denuncia del municipio. Al lado de su firma, aparecía la firma del Rodrigo Afanador. El ambiente de esa oficina en verdad estaba pesado, enrarecido. Con los meses, comprendí el por qué. Aburrido de esperar, comencé a reclamar y levantar la voz, lo suficiente para hacerme escuchar. No paso ni un minuto y se abrió abruptamente una puerta, por donde salió un hombre joven, sonriente y con ganas de resolver problemas. Me observó por unos segundos, de cerca, y me preguntó cuál era el problema, le expliqué con la brevedad de un rayo y con fotografías en mano que lo que había hecho «el inspector», no le dije el apodo, y que estaba mal. Pidió el parte a sus subalternos… lo leyó con dificultad… …dijo “mmm… acá no se entiende nada y además está lleno de faltas ortográficas”. Me dijo secamente “Ya, pase… veamos esto para resolverlo”. Yo dije, en voz alta, para que me escucharan moros y cristianos «por fin alguien dispuesto a trabajar». Examinó las fotografías, y sin darse muchas vueltas, dictaminó: Estimado, me dijo, “el parte está bien sacado, sin embargo, como usted argumenta, la municipalidad no hizo bien su trabajo y la señalética con la pintura de la cuneta efectivamente, induce a error. Por esto, vamos a dejar sin efecto el parte. Es su culpa -me dijo- estacionar mal, pero también no se han hecho las cosas bien”. Llamó a una señora entrada edad, que después supe quién era. El buen juez, le ordenó con autoridad dejar sin efecto la infracción. Ella me miró con desprecio, como quien mira una cucaracha y al Juez como quien barre la oficina. Con el tiempo comprendí, de acuerdo a los numerosos antecedentes que todo Panguipulli a estas alturas ya maneja, esos ojos en llamas. Al salir, el Juez, me palmeó la espalda y me dijo: “vaya tranquilo”.

Así conocí a Patricio Thomas, el buen juez.

PATRICIO THOMAS Y EL ORIGEN FAMILIAR

Nacido en Temuco pero hijo de Panguipulli, como se define, producto de la unión matrimonial de don SALVADOR ELÍAS THOMAS RIADI (nacido en Panguipulli), y doña ISABEL GEMMA SOTO POSTLER (nacida en Valparaíso), el buen Juez es descendiente de una mezcla ancestral típica de nuestras tierras, pues proviene por su línea paterna de inmigrantes palestinos y por su línea materna de chilenos (preferentemente), con algunos antecedentes alemanes y franceses.

Sus abuelos paternos, los más conocidos, fueron JUAN THOMAS y REGINA RIADI, quienes comenzaron a asentarse en nuestro pueblo hacia el año 1938 con un almacén y una tienda que hoy subsiste como la más antigua del pueblo.

Don Juan Thomas…“Nació a la actividad comercial en los albores de la formación del pueblo de Panguipulli, en circunstancias en que alumbraba la febril actividad de la explotación maderera… … más tarde, cuando vino la construcción de la planta hidroeléctrica de la central Pullinque, que dista solamente diez kilómetros de Panguipulli, supo la “Casa Juan Thomas”  estar a la altura de las circunstancias, ocupando su privilegiado sitial de principal centro de abastecimiento en toda la zona”.[1]

Muchos de sus clientes, provenientes de la Cordillera de los Andes- Neltume, Choshuenco y Pirihueico-, viajaban en el famoso Barco Enco a abastecerse de ropa y víveres, al pueblo de Panguipulli.

El almacén tuvo su mayor auge hacia los años cincuenta, llegando a emplearse en él hasta veintitrés trabajadores que atendían en el local, más un grupo de diez costureras o modistas externas y un conjunto de hombres que ayudaban a acarrear mercadería incesantemente entre el muelle y el negocio de don Juan. Eran tiempos de oro para Panguipulli, en donde, para ese entonces, la madera era el auge económico de la zona.

Los intereses de Juan Thomas por hacer crecer el pueblo que lo acogía, fueron demostrados en distintas áreas, pues fue uno de los fundadores de la Cámara de Comercio de Panguipulli el 28 de noviembre de 1956, asumiendo el cargo de Primer Director. Por años también fue miembro y Director Honorario del Club Deportivo Cóndor, e igualmente uno de los socios fundadores y primeros directores de la 1º Compañía de Bomberos de PanguipullI (fundada el 1º de octubre de 1952).

Cuentan los que lo conocieron que era un cazador de puntería envidiable y que con igual acierto realizaba los negocios.

Simpático y muy cercano a los niños, pues muchos de ellos obligaban a comprar a sus padres “donde don Juan” porque allí les regalaban dulces.

“Así encontramos una historia escrita en moldes de la sencillez como los atributos personales que le adornaron en su laboriosa existencia. Es él, don Juan Thomas A., que lamentablemente no alcanzó a vivir este instante de tanta alegría, como lo es para toda la gente de esta zona la celebración de la creación del Departamento de Panguipulli…”, “… fue siempre un gran impulsor del progreso en toda esta zona, que él quería tanto como su lejana Palestina”.

Hoy, y desde hace más de 55 años, el segundo de sus hijos, Salvador Thomas Riadi, es el continuador de un negocio familiar que cumple para estas fechas sus 84 años de existencia en Panguipulli.

FORMACIÒN ACADÈMICA Y LA VUELTA LARGA

Patricio Thomas, el buen juez, de alguna manera traía consigo una marca indeleble en la frente desde niño, por lo que no fue sorpresa para nadie que fuera elegido, por tres veces en su etapa escolar como “el mejor compañero”, tanto en la Escuela María Alvarado Garay como en el Instituto Salesiano de Valdivia (ISV). Venía con la idea de servir, entonces fue algo natural que se hiciera miembro honorario  de la Primera Compañía de Bomberos de Panguipulli, donde su  abuelo había sido  fundador junto a otros vecinos.

En verdad, no se dio cuenta como pasaron los años- Luego de estudiar hasta sexto básico en la -en aquél entonces- Escuela D N° 217, María Alvarado Garay de Panguipulli. La familia entendió que debía enviarle a la Ciudad de Valdivia, al ISV, teniendo un fugaz paso también por el Colegio De La Salle en Temuco.

Desde los 12 años quería ser abogado, porque le cautivó la búsqueda de la justicia. Al `postular a la Universidad, luego de egresar del ISV,  por el puntaje que obtuvo en la Prueba de Aptitud Académica (PAA) quedó en Ingeniería Forestal en la Universidad Austral de Chile, pero solo había postulado  a esa carrera para quedar en una Universidad  tradicional, pero no era lo suyo. También le atraía una universidad que tuviera una formación relacionada a las empresas familiares y ahí llegó a la Universidad Del Desarrollo en la ciudad de Concepción.

Manifiesta Patricio Thomas, el buen juez, que en su vida estudiantil fue más bien desordenado, aludiendo incluso con una honestidad brutal: “en aquél tiempo no pulí muy bien mis aptitudes para estudiar… los porrazos del primer año de la carrera universitaria me hicieron entender que había que estudiar a conciencia”. Pasaron los años turbulentos y entró en tierra derecha, el último semestre de Derecho postuló a intercambio y viajó a Madrid, donde no perdió el tiempo,  y cursó en paralelo a sus estudios de pregrado, un  pos título de “Experto En Derecho Penal” que dictaba la Universidad de Salamanca (una de las más prestigiosas y de las 5 más antiguas del mundo). Al regreso de España, desembarcó en Chile con su egreso y derechito a dar su examen de grado, hacer su memoria en “Cabildos Indianos” (que son el antecedente de los municipios) y luego  la práctica profesional en la Corporación de Asistencia Judicial (CAJ) de Chiguayante.

Corría febrero del 2010 y encontró el terremoto a Patricio Thomas, el buen juez, en Concepción, haciendo la memoria y luego la práctica de abogado. Postuló a la SEREMI de Bienes Nacionales hasta que se abrió un cargo de abogado en la CAJ de Panguipulli, postuló y fue aceptado.  A los 32 años, retornaba a Panguipulli después de que el hijo pródigo vivió la mitad de su vida fuera (Valdivia, Temuco, Concepción y Madrid). Dos años después, el 02 de mayo del 2012- asumió el cargo que hasta hoy ejerce en paralelo al de Juez, manteniendo aún el cargo de abogado Jefe de la Corporación de asistencia Judicial de Panguipulli.  

DE ABOGADO A BUEN JUEZ

Patricio Alejandro Thomas Soto, el año 2014 se encontraba ejerciendo (y hasta el día de hoy) como abogado jefe de la Corporación de Asistencia Judicial (CAJ) y como Defensor penal de reemplazo, negociando su entrada como defensor titular en la comuna, y de un día para otro se abrió el concurso de Juez Titular de Policía Local de Panguipulli ante la renuncia del predecesor sr. Hormaechea.

Participaron doce abogados en ese concurso y la Ilustrísima. La Corte de Apelaciones de Valdivia nombró en los primeros dos lugares de la terna a dos abogados de la capital regional (Valdivia) y en tercer lugar  a Patricio Thomas, el único postulante oriundo de Panguipulli, que se definió por sorteo luego de un empate con otros dos abogados. Lo tiraron a la suerte para dirimir y por esas cosas del azar, destino, la divina providencia, brujería o simplemente porque así debía ser, quedó el buen juez seleccionado. Había pasado la primera y difícil etapa de quedar en una terna y ahora comenzaba la carrera de los abogados para ocupar el puesto. Todos los aspirantes comenzaron a mover sus contactos e influencias, desde venir a hablar con el mismísimo alcalde del periodo, don René Aravena Rifo, hasta hablar con políticos de derecha para que hicieran “la cuña”, algo muy arraigado en nuestra cultura. Patricio hizo lo más sabio que podía hacer al respecto: “tomar palco”, y dejar todo en manos de la vida misma. Pasaron los días y una tarde cualquiera recibió el llamado del Alcalde Aravena. Lo convidó a conversar porque tenía en sus manos recientemente una terna compleja en donde él estaba tercero, pero el buen juez, Patricio Thomas, le manifestó que “no era el momento para hacerlo, pues faltaba el transcurso de unos días para que dicha terna estuviera firme”. Una vez firme la terna, el Alcalde lo volvió a llamar, concretaron la reunión y el alcalde que esperaba que Patricio le solicitará el cargo, se llevó una gran sorpresa, pues el postulante Sr. Thomas le manifestó con palabras simples y breves;  «usted, nombre a quien le parezca, es más… si no me nombra a mí, no voy a andar hablando mal de su persona.» Al parecer esto hizo sentido en el Alcalde Aravena, quien le conocía desde niño, sabía cuáles eran sus sólidos valores, su formación familiar y académica. Con todo, el abogado Thomas, era una persona de Panguipulli que quería radicarse en sus tierras. Unos días después, nuevamente recibió un llamado del Alcalde, donde le comunicaba oficialmente que había ordenado la dictación del Decreto N° 69 de fecha 29 de mayo del 2014 para nombrar como Juez de Policía Local de Panguipulli a don Patricio Alejandro Thomas Soto, el buen juez.

PANGUIPULLI EN LLAMAS.

(El día de la vergüenza).

El viernes 05 de febrero de 2021 fue un día caluroso, pero no tanto como los días que lo antecedieron, con casi 37° a la sombra.

Meses atrás habíamos comenzado a construir una nueva casa. El trabajo de los días había sido agotador, más aún con un sol abrasador que no dejaba trabajar. Habíamos parado para almorzar y descansar un rato y luego regresar al trabajo. Alrededor de las quince horas, comenzó a sonar mi teléfono, era mi amigo y compañero Marco Lobo desde Curacautín, como no hablamos nunca por teléfono, me pareció extraña la llamada, por lo que respondí, no fuera a ser que sea por algo importante. Ahí me puso al día de lo que pasaba en Panguipulli, era la noticia que paraliza a todos los medios de comunicación existentes a nivel nacional, se interrumpían teleseries, noticias de días anteriores para dar paso a los sucesos, en Panguipulli habían abatido a un joven de cinco balazos, se le conocía como Francisco. A esa hora, la ciudad bullía de veraneantes y automóviles.

Francisco no tuvo conciencia de cómo murió, solo dejó de existir en un par de segundos. Estaba exactamente a 40 pasos de la Municipalidad. A esa hora, los medios masivos de comunicación ponían todos los ojos en nuestra ciudad.

Las primeras declaraciones del asesinato de Francisco Martínez Romero, por parte de la primera autoridad local, las protestas espontáneas no se hicieron esperar, no solo en la ciudad, y otras del país.

En la ciudad ya había protestas, llegaban las fuerzas especiales de Carabineros para controlar un posible estallido social. Los locales de comercio cerraban sus puertas anticipadamente y el ambiente era tenso.

A esa hora seguíamos trabajando en hormigón para la fundación de la nueva vivienda. Estábamos agotados. A eso de las 21 horas decidimos parar para continuar un día después. Continuaban llegando noticias de que en la ciudad de Panguipulli había enfrentamientos de cientos de personas, tanto vecinos como foráneos, contra Carabineros. Semáforos destruidos, locales apedreados, el lugar donde cayó horas antes Francisco era la zona cero. Me llamaban amigos de distintas zonas del país preguntándome detalles, pero yo no tenía más detalles que ellos, solo los arrojados por los medios oficiales y alternativos de comunicación.

Alrededor de las 21.30, nos sentamos a tomar once y recuperar fuerzas para proseguir al día siguiente, cuando comenzaron a llegar fotografías de un incipiente incendio en las instalaciones de la Municipalidad. Me dije, tengo que bajar al pueblo. Le dije a mi Sra. y mi hija, vamos, esto es grave. Tomamos el automóvil y salimos desde Cultruncahue hacia la ciudad. Ya al tomar la ruta que comunica Panguipulli con Chauquén, en la oscuridad de la noche, la noche triste del cinco de febrero del 2021, se veía allá abajo la luz emanada de un gran incendio. Hice el comentario en voz alta, pero hablando conmigo mismo, “se va quemar entera la Municipalidad”. A la altura del cruce Labraña, se veía la circulación de cientos de vehículos que llegaban a la ciudad a ver de primera mano cómo se quemaba todo. Descendimos por la Escuela Manuel Anabalón, y nos estacionamos frente al mítico almacén Melmak, de la Familia Ampuero. Estaba todo oscuro, se había cortado el suministro eléctrico, aun así, desde ahí se veían las llamaradas que consumían en su totalidad la Municipalidad. Desde la tradicional verdulería La Chacra, se sentía el abrasante calor. Era algo increíble lo que estábamos presenciando. Le tomé la mano a mi hija Josefina, para que estuviera tranquila. Al llegar al lugar exacto donde había caido Francisco, que ya era un santuario, atiborrado de coronas de caridad, flores y neumáticos ardiendo, justo en ese instante, mis ojos no daban crédito a lo que sucedería treinta segundos después… “la Municipalidad en llamas, se derrumbaba, desaparecía 70 años de historia”, caí en la cuenta que todo era más grave, también ardían en llamas las instalaciones de los Servicios Públicos y no era descabellado pensar que la Iglesia también ardiera, pero no fue así. Entre los servicios públicos en llamas, el Juzgado de Policía Local había sucumbido, lugar de trabajo de Patricio Thomas, el buen juez.

Lo tomé como un presagio de lo que vendría y así fue. En una tarde, Panguipulli había cambiado para siempre.

EL JUZGADO DE POLICÍA LOCAL EN LLAMAS

El Juzgado de Policía Local de Panguipulli, se quemó esa noche del 05 de febrero de 2021, sin embargo, ya venía quemándose desde hace un tiempo, al calor de un ambiente enrarecido contra el buen Juez, Patricio Thomas, ya que de acuerdo a los antecedentes hoy por todos conocidos, hubo una asociación entre personas para perjudicar en forma metódica, descarada y de una maldad sin límites al nuevo juez, que vino a poner orden y hacer valer su nombramiento.

Cuando el Juez asumió el 29 de mayo del 2014, venía de la escuela de la Defensoría. Como  tal, se preocupó siempre de que las personas tuvieran la posibilidad de defenderse y escucharlas. Al menos escuchar sus argumentos y si no eran suficientemente probados, entonces ahí recién venía la sentencia condenatoria. Si eran probados, se podía rebajar, amonestar o incluso absolver, dependiendo del nivel de prueba y calidad de antecedentes.

Pero cuando llegó al Juzgado, a los usuarios que eran citados se les ponía la sentencia condenatoria en la cara (eso lo vivimos todos) y casi hablar con el juez era mal mirado. No había acceso a ser escuchado. El buen juez venía a acabar con eso, quería cumplir su rol y darle a la gente la posibilidad de escucharles… ahí fue donde encontró a una persona que se vanagloriaba de llevar hacía unos 40 años un juzgado y nunca había visto que un juez abriera las puertas a los usuarios… Eso era compartido por la segunda a bordo, quien descansaba todo su trabajo en la antigua funcionaria y así cobraban horas extras.

Fue con la llegada de Rodrigo Afanador entonces donde empezó una carrera para lograr la destitución. Una zancadilla tras otra, hasta los comentarios a los usuarios para que reclamase en contra del juez. Una vez -desde dentro del Juzgado- se deslizó el comentario de que el juez conocía a la abogada de la contraparte de una usuaria y por ello le había fallado en contra, todo servía para desacreditarle.

Cuando le dio la orden a su equipo de funcionarios, que no se dictaba sentencia antes de la fecha de comparecencia de cada usuario, fue cuando se encontró con una pared. Sumado a lo anterior, cuando le quitó las horas extras a la tercera a bordo, empezaron a evidenciarse inmediatamente «entrampamientos» en las tramitaciones de las causas, se perdieron expedientes y fueron encontrados todos  doblados entremedio de legajos ya armados hacía años… No se puede adelantar su autoría, porque existen juicios pendientes y el estándar probatorio penal es demasiado alto, pero si se puede evidenciar quiénes sí y quienes no tenían algo en contra de la labor del nuevo juez. 

A su turno, luego de la denuncia del juez a la fiscalía y Contraloría por los desórdenes en secretaría, en un evidente acto de defensa de su asesora directa, el alcalde   Valdivia acusaba a la Corte al juez para lograr la baja en sus calificaciones de Patricio Thomas y, con ello, su destitución.

Meses antes de que el Juzgado de Policía Local, junto a otros servicios y la municipalidad sucumbieran a las lenguas de fuego que se veían desde todos los puntos cardinales de la ciudad, todo Panguipulli accedió al audio de formalización de dos personas que habían sido advertidas al Juez que le estaban cavando la tumba. El Juez, sin embargo, reunió con paciencia y discreción todos los antecedentes y realizó una denuncia en contra de quienes resultaran responsables. La investigación arrojó como presuntas responsables a dos personas cercanas en orden jerárquico. El fiscal hizo lectura de los mensajes de whatsapp cruzados entre las dos, dando cuenta de una intencionalidad macabra, de un hostigamiento brutal, en contra del buen juez, una denostación rayana en la ordinariez, y un lenguaje impensado en profesionales.

DIAS DE ESPANTO

Patricio Thomas y su familia lo pasaron mal, con una campaña gratuita de desprestigio, lo que se hizo carne cuando el buen juez se dio cuenta de lo que sucedía a sus espaldas en el Juzgado en que servía. Se encontraron expedientes doblados intencionalmente y escondidos en los más insólitos lugares, no importando el derecho de los usuarios, sino teniendo como evidente norte el entrampar la labor. Esta deleznable acción, buscaba generar reclamos ciudadanos hacia el buen juez, buscando su descrédito hacia los usuarios y luego su superior jerárquico, con el evidente empeño en lograr su destitución.

Pero con el tiempo se descubrieron más desórdenes en secretaría y el Juez los denunció a Contraloría y al Juzgado de Garantía. 

El ex Alcalde Valdivia, al ser consultado por Contraloría dijo no saber leer el texto, pero no solo alegó ignorancia sino que además tomó una actitud activa y, en lugar  de perseguir la responsabilidad de su asesora personal, decidió enviar una misiva injuriosa y mal escrita hacia el superior jerárquico del Juez (La I. Corte de Apelaciones) con el objeto de concretar el plan de destitución del Juez Thomas. Al leer la acusación -digámoslo en buen chileno- se evidencia la “verborrea jurídica” escrita por su asesora y que el ex alcalde consintió dolosamente en firmar para lograr la destitución del buen juez. Para su sorpresa, la Corte no hizo eco de sus mentiras y en vez de iniciar el sumario contra Patricio Thomas, procedió a subir sus notas, lo que le dolió profundamente al edil.

EPÍLOGO

Hoy el trabajo del Juzgado de Policía Local se realiza con diligencia, tranquilidad, apegado a la norma, donde el buen juez, Patricio Thomas, trata de ser justo, ya que nadie es culpable hasta que se demuestra lo contrario. Tiene un equipo nuevo, proactivo y trabajando para consolidarse. Sin embargo, está ahí la situación legal, lo que día a día lo hace retrotraerse en el tiempo, cuando se intentó perjudicar su carrera. Pero la vida sigue, y este abogado cree en la Ley de los hombres, pero también en la Ley divina, que también hace pagar y con creces. La vida sigue y será la vida la encargada de poner las cosas en su sitio.

Hoy el buen juez, Patricio Thomas, es reconocido por ser el juez más sancionador con infractores forestales y la Ley de Protección al Consumidor de la región, al menos en esos dos ámbitos.

Es un ferviente hincha del club de fútbol, Universidad de Chile y padre orgulloso de su hijo, llamado Emilio.

Agradezco la valentía de Patricio y la posibilidad de escribir sobre un gran profesional, parte de una familia extensa que llegó del otro lado del mundo para radicarse en este pequeño retazo de tierra que es Panguipulli y forjar junto a la población originaria del territorio, una ciudad y sus ciudadelas.

GRACIAS PATRICIO THOMAS.

Jorge Muñozo, Escritor.