Mariela Fuentealba está lista para lanzar “Memorias de una Papay” en Panguipulli




Cultura.- Los primeros días de diciembre la escritora de narrativa, Mariela Fuentealba Millaguir, realizará el lanzamiento de su nuevo libro “Memorias de una Papay”. Como ya es costumbre, Mariela ofrecerá el Lanzamiento oficial de su libro con una degustación de comidas típicas de nuestro pueblo mapunche. Dependiendo de la contingencia sanitaria, este lanzamiento se podría realizar en forma presencial, en la Ruka Mapuche de Panguipulli, con todos los resguardos sanitarios que la autoridad sanitaria recomienda, de lo contrario se realizará un lanzamiento vía streaming.

Mariela nos comenta: “este libro es un hermoso trabajo que he desarrollado desde hace varios años, y que no había tenido la oportunidad de plasmar físicamente. Lamentablemente en estos tiempos tan complejos que estamos viviendo, está la incertidumbre de no saber si podremos hacer el evento en forma presencial o quizás sea vía streaming. A mí me complica, pues soy muy de piel, de querer tener el contacto con la gente, con mis amigos, parientes y en general con los seguidores de mi trabajo”

Es importante destacar que Mariela fue invitada en el mes de octubre a participar de la “III Jornada de Homenaje al Libro Indígena”, Organizada por la Subdirección de Pueblos Originarios del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, dependiente del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio”, donde tuvo la oportunidad de compartir con escritores de todo Chile, haciéndose presente con su obra “Cuentos de Sayen”.

Mariela destaca que “Por fin se está haciendo justicia con las autoras, pues debemos de considerar que nuestro país es cuna de grandes escritores, sin embargo, la mayoría ha debido salir del país, para lograr ser conocido, y sobre todo para que sus obras se puedan masificar. Yo soy de acá, he publicado 4 libros y soy más conocida en el extranjero que en Chile. Quizás la gente no guste mucho de la lectura, pero con la Pandemia que estamos viviendo nos hemos dado cuenta, que no podemos vivir sin el arte, ya sea, libros, música u otras actividades artísticas que alimentan el alma y mantienen al ser humano en equilibrio. 

Para finalizar, la autora nos hace la invitación para conocer parte de su libro Cuento de Sayen”, compartiendo el primer capítulo de esta obra, llamado “Piel Marchita”, en virtud que este 25 de noviembre conmemoramos el “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer” 

La publicación de “Memorias de una Papay” es posible gracias al Concurso “Financiamiento para iniciativas de Difusión Local: Identidad Territorial en la Región de Los Ríos año 2020” impulsado por la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena.


   

| Piel Marchita

Era tarde, el día se había ido hace muchas horas. El fogón aún humeante daba ese olor a campo, a humo penetrante que hace sollozar la mirada, olor a leña…olores mezclados que te dejan pálido al sentirlo. 

Del centro colgaba la olla negra de fierro, la olla que  había heredado de su abuela y que  tantas  veces se la había pedido cuando ésta aún estaba con vida.

Al otro lado de la pequeña vivienda seguía encendida la vieja cocina a leña. Afuera se podía sentir el viento arrollador, violento, sonoro, ese viento que congela hasta las tripas. 

La cocina hacía sus últimos intentos por temperar la destartalada vivienda de dos habitaciones, sus minúsculos rincones estaban adornados con pequeños dibujos desgastados y algunas fotos mal encuadradas en marcos de madera.

Elena luchaba incesantemente por abrir sus ojos, sus fuerzas eran casi mínimas, como pudo trató de llevar su mano derecha hacia su cabeza, podía sentir un dolor palpitante en su nuca, un dolor que traspasaba el alma.  

Se apoyó como pudo en sus manos para sostenerse y al fin poder ponerse en pie, los golpes aún resonaban en sus oídos, los gritos enfurecidos de Manuel eran lanzas que clavaban su piel adolorida.

La oscuridad la mantenía en penumbras, por más que lo intentaba no podía….simplemente no podía abrir los ojos. 

Las lágrimas brotaron adoloridas, caían sin rumbo por su rostro destrozado, su pena era tan grande que mil palabras retumbaban en su mente y corazón.

Las lágrimas y sollozos dieron lugar a la calma, muy lentamente dejó de llorar…..solo recordó las bellas promesas de amor que se había jurado hace un par de años con aquel apuesto joven que se había atrevido a robarla de la casa de sus padres, tal como lo habían hecho sus antepasados.

Horas antes Elena había asistido a una ceremonia junto a su pequeña hijita, ceremonia religiosa que le brindaba la seguridad para vivir intensamente su fe, y calmar la ansiedad que sentía por la nostalgia de su familia.

Manuel era joven, hermoso, sus rasgos no denotaban que por su sangre corría la valentía del pueblo mapuche. Alto, de piel un tanto trigueña, pelo negro con ondas, y unos hermosos ojos verdes, llenaban todo el espacio que mirara, él sabía que era bello, sabía que tendría lo que quería a la hora que quisiera.

Los gritos ensordecedores se oían desde lejos, faltaba poco para las once de la noche, Manuel sin mediar media palabra comenzó a insultar a su Elena, a la mujer que eligió para conformar un hogar.

  • Ven para acá….sales a puro hueviar. ¡Vennnnn!

Elena corrió desesperada con su hija, no sabía qué hacer, ni siquiera sabía lo que pasaba por la mente de Manuel. El descontrol total de su amado la tenía en un estado que ni siquiera ella sabía explicar.

Como pudo se metió al cuarto y se escondió entre las frazadas, las mismas frazadas que le regaló su madre el día de su matrimonio, que con tanto amor ella entrelazó la lana en su witral para su hija. Ahí estaba la mujer acurrucando al amor de su alma. 

Podía sentir como se rompían las cosas en la cocina, sus cosas, las que tanto sacrificio le costó obtener. En cada grito de Manuel, Elena sentía una lanza clavada en su pecho, sentía que se le acababa el mundo, todo lo construido se venía abajo. No sabía qué hacer, qué pensar……

Manuel entró de golpe al cuarto, se lanzó sobre la cama despojando todo lo que había a su paso, sacó las tapas que cubrían a su mujer e hija y le pegó un certero puñetazo en la frente. 

  • ¡Mamaaaaaaaaá! – gritó desesperada Margarita.

La pequeña estaba observando la peor escena de terror que nunca jamás imaginó, abrazó a su madre, no quería que su padre la golpeara, no quería estar ahí, no, no quería.

Manuel sin soltar a Elena, comenzó a darle golpes en la cabeza contra la pared, frente a la mirada atónita y de pánico de su hija.

  • Andai puro maraqueando, me dijeron que andabas mirando pal lao india de mierdaaaaaaaaaaa!!!

Mientras más gritaba Manuel, más fuerzas adquiría para seguir golpeando a su mujer.

A esas alturas Elena ya no podía ni hablar, lo único que quería era salir corriendo de aquella habitación y no volver nunca más a mirar el rostro descompuesto de Manuel. No buscó explicaciones, no podía ni hablar.

Su cabello comenzó a destilar sangre, sangre caliente que corría por su cabeza, el dolor que sentía se vio mitigado cuando pudo ver que Margarita había salido corriendo de la casa en un descuido de su padre.

Sus fuerzas se habían ido, ya no sabía nada y tampoco quería saberlo. La soledad que sentía en ese momento era indescriptible, su mundo se había derrumbado, a pesar de estar al lado de su amado Manuel, éste ya no era su amor. Su ilusión se había muerto en el primer golpe que recibió

Manuel cogió sus cosas, la borrachera le impedía pensar, le impedía ver lo que acaba de hacer…..

Elena sintió el golpe de la puerta y todo se nubló.