La Hostería Pirehueico, crónica de Muñozo


Los antiguos animadores de fiestas de Panguipulli, y que también animaban la travesía en el Vapor Enco, por las aguas diáfanas del Lago Pirehueico, como Don Genaro Curilem, (abuelo de Josefina Jiménez Curilem) y su hermano, uno con acordeón y el otro con guitarra, así como innumerables músicos y cantantes de esta tierra y que ya no están con nosotros, que también pasaron por el Enco,  estarían orgullosos de ver a niños y niñas rememorando una historia que está en la memoria colectiva, con tantas micro historias, que contarlas sería un nunca acabar. Ellos acompañaban a los pasajeros que iban al interior de la comuna y regresaban. En verano, el viento tibio “puelche” y en invierno las lluvias torrenciales no aplacaban las melodías. En aquellos tiempos no existía el turismo a gran escala en Panguipulli, por lo que los viajes estaban mediados por el trabajo, la educación y la “evangelización”. En medio del lago se sentían los acordes, mientras la gente compartía historias al calor del mate compartido, tortillas de rescoldos y en donde más de una familia se formó. Este es el corazón de la obra “Hostería Pirehueico, una Utopía en los Lagos del Sur”.

“Por años nos quisieron convencer que las utopías habían muerto y que no servían para nada. Un trabajo bien hecho, con cariño, humanidad y hermandad, no es Utopía, es realidad”.

Fui el día sábado y domingo a presenciar esta puesta en escena. Llegue sin grandes pretensiones. El Gimnasio Municipal lentamente comenzó a llenarse, a mi juicio fue digno a la ocasión y a pesar de que no tiene una buena acústica, el sonido y las voces llegaban bien. De entrada, comprendí que para todos los que trabajan y colaboran con los proyectos de la Casona Cultural era una ocasión especial y que eran parte de un momento histórico para nuestra joven comuna. Todo había sido pensado para que los que asistimos nos sintiéramos acogidos. Había un dejo de misterio en torno a la obra en sí. El público estaba contento. Con sorpresa y de acuerdo al itinerario, algo desconocido en Panguipulli en la mayoría de los espectáculos, se comenzó a la hora. A los minutos, después de los saludos protocolares, el Actor Felipe Castro, que solo lo habíamos conocido a través de la televisión, hizo un discurso que abarcó todos los estados a ánimo, duro y brutal, tierno, esperanzador y por sobre todas las cosas palabras motivadoras a quienes quisieran escuchar. Fueron palabras cargadas de presente, yendo al pasado para saltar hábilmente al futuro.  Fueron escritas desde el corazón y a todos, unos y otros, blanco, negros y de colores múltiples, nos hicieron sentido.

Esta noche, 23 de diciembre de 2019, escribo esta columna desde la casa que no está en ninguna parte, casualmente escuchando a la Orquesta Habana Social Club de Cuba, y me lleva a los instantes mágicos de lo observado, lo sentido, lo soñado con los acordes y  sonidos de los instrumentos magistralmente ejecutados por esas niñas y niños, quienes fueron creciendo en la medida que iban absorbiendo todo de sus maestros, que han tomado este proyecto como una misión, ese “dejar una huella” que muchos y muchas buscan, y que no todos lo logran. Con esta obra, la huella es gigante e indeleble, y seguirá creciendo exponencialmente. Intuyo, que si todo sigue como va, y si los niños lo quieren y si siguen siendo apoyados, no tendrán techo. Como se dijo, aunque los niños no llegaran a ser músicos profesionales, (por tomar en la vida otras opciones) la experiencia de vida de haber sido parte de las dos noches mágicas, 21 y 22 de diciembre de 2019, eso no se los quitará nadie. Ya entraron en la historia grande de Panguipulli.

La obra musical Hostería Pirehueico, una Utopía en los Lagos del Sur, es una obra total en el sentido de que los que asistimos nos sorprendíamos a cada instante. Si lo llevamos a la literatura, es como cuando uno lee “de corrido” Cien Años de Soledad, o “Los Poetas Salvajes” de nuestro escritor Roberto Bolaño”. En dos horas constantes quiebres, lo que mantenía al público expectante, los entidos de todos y cada uno estaban puestos en todos los incentivos presentes para seguir ahí pegados en las sillas y graderías. Los que diseñaron la estructura instalaron en todos y cada uno de los participantes, incluido el público, y creo que no tienen conciencia de lo que han aportado a Panguipulli, un texto inclusivo, lleno de gestos y reconocimientos. La puesta en escena, la naturalidad de la actuación de los niños que nunca habían actuado, incluido su director musical. Los tramoyistas un trabajo disciplinado, el sonido impecable, con un aplauso cerrado Carlos Jaramillo y Marco Mella. Las luces coordinadas y justas. Los actores pusieron todo lo que tenían, se notó en amor por lo que hacen y la valoración de trabajar en un lugar cargado de historias de sacrificio. La elección de los temas musicales, precisos y “escalofriantes”. Tan precisos como las miradas llenas de nostalgias de los años de juventud. Esos que fueron parte de los viajes del Vapor Enco, por la razón que fuera, en un instante se vieron a sí mismos viajando por las prístinas aguas del Lago Panguipulli, unos en primera clase, otros en el subterráneo, pero cada uno con su historia a cuestas. Volviendo a la música, que los niños, con sus maestros, hayan interpretado magistralmente esa música que a nuestros padre y abuelos le hacía “poner la piel de gallina”, es algo invaluable. Tan invaluable como el hecho de que estos niños y niñas, probablemente, antes de la obra no tuvieran noción de “la otra música”, esa que ellos no disfrutaron como sus antepasados y que pasan a ser parte de la Banda Musical de sus vidas. Desde hoy, sospecho que más de uno fue a su computadora y buscó quienes fueron la Orquesta Huambaly o Louis Armstrong, que sus abuelos muchas años antes tararearon o bailaron en los salones o en sus hogares.

Inevitable fue tararear de memoria el bolero, si niños y niñas, Bolero llamado “Quemame los ojos”, de Javier Solís, y nuevamente puesta en escena para nuestros jóvenes por Chico Trujillo. Si niños, este bolero fue bailado, dedicado y tarareado por vuestros abuelas y abuelas. Fue impresionante como el Gran Maestro Aaron Jaramillo, en medio de la interpretación de la Banda Sinfónica Ecos de Panguipulli, con su trompeta hizo estallar en aplausos emocionados del público.

QUÉMAME LOS OJOS….

Deja que tus ojos me vuelvan a mirar
Deja que mis labios me vuelvan a besar
Deja que tus besos ahuyenten las tristezas
Que noche tras noche me hacen llorar

Deja que la luz retorne a mi vida
Para que lo triste se marche de mi
Déjame sentirme dormido en tus brazos
Para que mi ser se llene de ti

Deja que mis sueños se aferren a tu pecho
Para que te cuenten cuán grande es mi dolor
Déjame estrujarte con este loco amor
Que me tiene al borde de la desolación

Déjame que mis manos no sientan el frio
El frio terrible de la soledad
Quémame los ojos si es preciso vida
Pero nunca digas que no volverás

Deja que mis sueños se aferren a tu pecho
Para que te cuenten cuán grande es mi dolor
Déjame estrujarte con este loco amor
Que me tiene al borde de la desolación

Déjame que mis manos no sientan el frío
El frío terrible de la soledad
Quémame los ojos si es preciso vida
Pero nunca digas que no volverás

Que no volverás
Que no volverás

¡Que no volverás!

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Las voces de los niños y niñas cantando, orgullosos, alegres y afinados la letra del “pollo enamorado” fue de antología. O bien esos sonidos desgarradores de los bronces interpretados por el Gran Maestro Aaron Jaramillo y Jonathan Vallet, cuando en la estructura de la obra, los mismos niños eran los encargados de colaborar en mover el mobiliario del escenario, para que apareciera en gloria y majestad la imagen del Vapor Enco, y fue como volver a escuchar la música de maestros y que encantaba al Escritor Julio Cortazar, el Jazz.

Imposible no destacar a Alex Vergara en percusión, al profesor Alejandro Losada y el Profesor Pedro Vargas.

El elenco de danza se lució y no podía ser menos. De la mano y con mucho trabajo del Profesor Eduardo Inostroza, el elenco conformado por Rocío Muñoz, Valeria Guzmán, David Benítez, Tomás Guzmán, Keila Toledo, Pauly Sandoval y Sebastián Romero, dieron muestra de avances significativos en su arte, y que fue fundamental para que la música se hiciera movimiento.

Como en toda gran obra, y solo me enteré por un comentario “Off the Record”, que el niño Alex Aros de Puerto Fuy, que además de viajar todos los días que tiene ensayos, es autor del “homenaje hecho poesía” a los bomberos, y que en un momento todos escuchamos y todos aplaudimos.

Del equipo de actuación que decir. Ese profesionalismo y compromiso que nos hace falta. Ese amor por las tablas. Esas ganas de que otros también se maravillen con el teatro, la cultura, el arte, la música, las letras. Gracias totales a Javiera Zeme, Valentina Berrios, Ricardo Zavala, Mauricio Vitali y Felipe Castro, que mostró toda su versatilidad y años haciendo lo que le gusta y llevándolo a lugares tan apartados como Panguipulli.

Como todo espectáculo, un maestro de ceremonias debe estar a la altura, y Patricio Cerda cumplió con creces esta parte de su papel en esta obra mágica. También, y era que no, se puso a la altura, se vistió de época y sus palabras fueron justas, certeras y llenas de colores para darnos una idea de lo que vendría en esta noche, que el que no asistió, se la perdió.

De las madres y padres, abuelos y abuelas, hermanos y hermanas, tíos y tías de los niños de la Banda Sinfónica Ecos de Panguipulli, solo podemos decir que brindaron una sinfonía de cómo se trabaja en forma solidaria, y solo con el objetivo que sus hijas e hijos sean felices. Y no es menor, ya que en cada uno de los apellidos de las niñas y niños de la Banda Sinfónica Ecos de Panguipulli está reflejado quienes han construido por años esta geografía cultural y social. Ni en sueños nuestros antepasados que forjaron lo que hoy es Panguipulli, imaginaron que, en este Gimnasio, donde asistieron a tantos eventos deportivos, culturales y políticos, podría recibir una obra que homenajea sus manos trabajadoras, sus mentes intelectuales, y la fuerza Mapuche presente en todas las esquinas, y en todas y cada una de las historias contadas y por contar.

Sin duda, en el texto que acompaña toda la obra, fue una buena lectura y un acierto, destacar la importancia de las Profesoras y profesores Rurales, que, en la década de los cuarentas y cincuentas, fue fundamental para lo que vendría en el futuro, una comuna pujante. Sin los profesores nada habría sido posible, en el sentido que donde hay niños, hay una escuela. Como no nombrar a algunos de los que conozco y valoro. Entre ellos Armando Guerra Stegmier, la Sra. Mirta Junot, el Sr. Roger Pérez, Don Manuel Anabalón, la profesora y primera Concejala  Ana Franco y la profesora Juanita Hueitra, y así como  tantos educadores tradicionales Mapuche y también, a los profesores que han tomado la posta, y tienen la misión de hacer honor a los colegas que hicieron historia y ya no están en vida, pero sí están acá en estas letras. En cada villorrio que se fue formando hubo una pequeña escuela hecha a pulso muchas veces, con más o menos apoyo del estado, los profesores hacían un apostolado de su profesión, siendo padre, madre, médico, consejero, y filósofo. Para niñas y niños un faro en un siglo XX complejo y febril. En la obra se destacó a la Profesora María Máxima Alvarado Garay, y está bien, y en ese reconocimiento está implícita la valoración a todas y todos los que abrazaron esa profesión.

Sin duda la obra musical “Hostería Pirehueico, una Utopía en los Lagos del Sur” al contrario del acto fallido de la existencia de la Hostería, la Banda Sinfónica Ecos de Panguipulli, es un acto de fe, que seguirá creciendo.

Larga vida a este proyecto de la Casona Cultural de Panguipulli y sus funcionarios que día a día se desvelan por hacerlo mejor.

Solo gratitud y admiración para la Banda conformada por:

Ayinko Toloza. (Flauta).

Thiare Zúñiga. (Flauta).

Pedro Morales. (Flauta).

Silvina Arévalo. (Flauta).

Mariana Cortés. (Flauta).

Francisca Pardo. (Flauta).

María Victoria Ormeño. (Clarinete).

Catalina Cogler. (Clarinete).

Elisa Carrasco. (Clarinete).

Paula Saéz. (Clarinete).

Trinidad Aburto. (Clarinete).

Millanka Toloza. (Clarinete).

Baltazar García. (Clarinete).

Adolfo Guajardo. (Clarinete bajo).

Francisco Araneda. (Trompeta).

Matias Aravena. (Trompeta).

Renata Martínez. (Trompeta).

Matías Jaramillo. (Trompeta).

Cristian Gutiérrez. (Trompeta).

Ferran Habash. (Trompeta).

Joaquín Uribe. (Fliscorno).

Gustavo Ossandón. (Fliscorno).

Dominic Oporto. (Corno francés).

Branny Fierro. (Corno francés).

Vicente Silva. (Corno francés).

Carlos Olate. (Trombón).

Bastián Villanueva. (Trombón).

Katherine Ovalle. (Trombón).

Nicolás González. (Trombón bajo).

José Sandoval. (Tuba).

Gabriel Fuentealba. (Tuba).

Josefina Jiménez. (Violoncello).

Cesar Monsalve. (Contrabajo).

Catalina Flores. (Percusión).

Emilia Palominos. (Percusión).

Florencia Pardo. (Percusión).

Álvaro García. (Percusión).

Feliz Navidad y año nuevo a todos y todas.

MUÑOZO.

Cultruncahue, 24 diciembre 2019.