Crónicas de Muñozo | “Tío Roger” para los amigos


En una segunda edición, el escritor Jorge “Muñozo” Jimenez, presenta una segunda crónica con el relato de vida del docente y creador de “en la Quincha”, Roger Perez, quien además dirige hoy por hoy el Comedor Solidario San Sebastián en Panguipulli.



Crónicas de Muñozo.- La virgen nos vigila desde una esquina en una iluminada y acogedora cocina nos reúne después de muchos años después de la última vez que tuvimos una charla, él tenía quince años menos y yo también. Él se acordaba, yo no. Así y todo nos recibió con la amabilidad acostumbrada y acentuada en los tres últimos lustros. Antes, habíamos hablado en una mesa de la Petrobras, cuando me solicitó un ejemplar de Cuentos al Merkèn. Ahí recordó como si fuera ayer, que yo le había obsequiado fuera del Restaurant Gardy Lafquèn, sin conocerle prácticamente, un libro de la trayectoria del Trio Los Panchos, del que se declaró un seguidor. Se fue contento en esa oportunidad, ojeando el libro, camino hacia el Mini Market “La Pirámide”. Mi memoria hizo un esfuerzo, y trajo la imagen de cómo se perdía Don Roger, el Tío Roger, al doblar la esquina, camino hacia la Verdulería “La Chacra”.

Me despertó de la evocación con una pregunta, que sonó a interrogación:

¿Por qué a mí?

Cuando terminé de explicarle el porqué, miró al techo y se perdió la mirada, como si estuviera en otro sitio. Son sonrió con sus ojos achinados y comenzó a relatar desordenadamente, pero tratando de rescatar aquellas cosas que te han hecho feliz en la vida. La cocina a leña nos brindó la calidez necesaria para que los recuerdos vinieran presurosos.

Dijo, Nací en Valdivia en 1951, y llegué a Panguipulli el año 1964. Trece años a cuestas. A modo de resumen. Mi padre trabajó de portero y barrendero  en la Corte de Apelaciones de Valdivia. Fue tan bien valorado como trabajador, que fue ascendiendo y no pasó mucho tiempo hasta que fue trasladado a Panguipulli en Mayo de 1952. Mi madre, al hablar de ella, lo hace con un amor en la voz, fue enfermera. Solo fuimos dos  hermanos. Mi hermano se llama Carlos Pérez Ulloa.

Me fue imposible preguntar por qué había sido una familia más bien pequeña, teniendo en cuenta que en aquellos años las familias eran gigantes. Al menos las familias eran de seis u ocho hermanos o más. La respuesta del Tío Roger fue sorprendente:

“Mi madre perdió seis pares de mellizos”. Hubo un silencio mutuo. Luego continuó, “tal vez por eso nací yo, gracias a eso… no sé. Luego prosiguió hablando de su madre, que había trabajado en el antiguo “Consultorio” de Panguipulli, como enfermera Ad Honorem. Lo que para él era un orgullo, y tal vez desde ahí heredo el espíritu de servicio, recalcó: “Mi madre trabajo muchos años en el pabellón de cancerosos”, dice.



Al arribar a Panguipulli, que era un pueblo calmo, con muchos animales de tiro en las calles y pocos o casi nada de vehículos, ingresó a estudiar, en un periodo breve, en el Liceo Padre Sigisfredo y en la Escuela María Alvarado Garay. Posteriormente regresó a Valdivia para terminar estudios  el liceo armando Robles, un liceo tradicional y emblemático. Con orgullo habla del esfuerzo realizado por sus padres para darles educación. Sin embrago, las cosas no fueron miel sobre miel. Tuvo que trabajar de obrero “virutero” con trece años a su haber, en la añosa barraca de Pepe Hosmann, frente al Muelle de la Costanera de Panguipulli.  El trabajo era lo suyo, y el futuro lo compensaría. El año 1974, del siglo pasado, se trasladó a la Ciudad Capital, Santiago para emplearse de obrero. No pasaría mucho tiempo, al igual que muchas familias chilenas, cruzó la Cordillera de Los Andes para trabajar de “palero”, en Argentina. Al regresar al terruño, fue capataz en la construcción del alcantarillado de lo que hoy es la Calle Juan Pablo II.

   | De la calle a la Educación. 

Un día cualquiera se despierta pensando que su misión en el mundo era otra, y el sueño de sus padres. Se levantó y con toda la fe se presentó en los que es hoy la Corporación Municipal de Educación. Presentó sus credenciales y no paso mucho tiempo cuando fue llamado a trabajar el año 1976.

Un funcionario le indicó que su destino era La Escuela Rural de Puñir, de Toledo al noreste. Puñìr, un puerto del antiguo Complejo Maderero. Lo marcó la realidad del trabajo de niños que trabajaban como hombres. En más de las veces se quedaba en Puñir, y cuando no, su transporte, al igual que todos los que habitaban esta tierra, se trasladaba en el Vapor Enco, que partìa en Choshuencio, para continuar la travesía por  Pallahuinte, Toledo, Puñir para recalar en el muelle de  Panguipulli, que hoy es un lugar apacible, pero en aquellos años era como arribar al Terminal de Buses, a la bajada se podía encontrar con un comercio local donde se vendían desde espejos, pasando por gallinas peladas, condimentos, chicha, canastos de mimbre, sopaipillas de un cuanto se puede vender o trocar. Las salidas eran los martes y los jueves, en la mañana desde Choshuenco a las 07:00, para regresar a las 14:00 horas. El camino de ripio, que en realidad era solo una huella, de lo que hoy es el camino internacional a Neltume, terminaba en el sector conocido como Malalhuaka.

   | En la Quincha.

Luego bajó a pueblo nuevamente, y cada mañana, se trasladó por veintitrés años a la localidad de Cultruncahue, donde más de una vez me lo crucé en el camino barroso o polvoriento, donde daba lo mejor para los niños que a la postre, muchos años después, en la calle, aun le agradecen su cariño y formación académica. Hoy vierte su experiencia en Escuela Rural Cohihueco, camino a Neltume. Con los años ya de práctica, la Universidad austral de Valdivia, ofreció a los profesores un plan especial de titulación vía módulos, con lo que logró uno de los sueños de sus padres, ser un profesional.Como todo, el Tío Roger, como se le conoce, reconoce y valora, se dormía sin saber lo que la vida le regalaría por la mañana. Un día le proponen convertirse comentarista deportivo junto  a don Miguel Valenzuela Cárdenas, en la Radio Panguipulli, en aquellos años en la Frecuencia AM, poco conocida hoy, para luego saltar “literalmente” a la Radio Paraíso, y finalmente en la Radio Lagos del Sur. Hoy aún es recordada por los parroquianos contemporáneos la mítica Radio Paraíso, lo que hoy es la Radio México, y como no podía ser de otra manera, y como tocado por un designio, un día 09 de julio, el día del juramento a la bandera, don Miguel le preguntó:



¿Usted podría hacer algo distinto?

Sabe que, respondió don Roger Pérez Ulloa, me voy a  agrandar “al tiro”. Así nació el programa radial de los domingos que se llamó en primera instancia “Estampas de Chile”, que era  música ambiental y folclórica. Con los años, todos ubicamos el nombre final de este programa radial imperdible de los domingos “En la Quincha”. Como una cosa lleva  a la otra, en el campo cultural, lleva consigo el programa de corresponsabilidad Revista de Los Jaivas.

Hoy se podría decir que don Roger Pérez Ulloa, que cincuenta años atrás, nunca hubiera imaginado el reconocimiento de grandes y chicos, en la calle, en la radio, como una persona amable, humilde y dispuesta siempre a servir al prójimo. Así y como con  casi todo, fue inevitable y natural convertirse Presidente del Hogar de Cristo de Panguipulli, así como del comedor solidario, y el Centro de ayuda fraterna y solidaria, dependiente de la Iglesia católica de Panguipulli.

Una última pregunta: Don Roger, colega, ¿por qué le pusieron “Tío Roger”?

Nuevamente se ríe divertido y recuerda que cuando llegó la Radio Lagos del Sur, trabajó haciendo despachos desde la calle. Sus colegas en el estudio, lo llamaban “que Roger para allá, que Roger para acá, que Roger “acuyá”. Eso no le caía muy bien a él, por lo que presentó seriamente a sus contertulios la queja, a lo que un joven Sergio Paredes “inventó”, el nuevo nombre, que no era tan nuevo, pero que si sonaba más cercano, y permitía otra cercanía con la gente. Así nació el “Tío Roger”, el mote con el que será recordado, por esta y la otra generación que vendrá.

Hoy escribe silenciosamente sus Memorias, pero esa es otra historia.


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Crónicas de Muñozo, por Jorge Jimenez, escritor de Panguipulli.